jueves, 3 de diciembre de 2009

SIN NIÑOS, NOS PORTAMOS PEOR




Quiero hacer eco aquí de las declaraciones que he leído esta mañana en prensa de Francesco Tonucci sobre los niños, la educación y las ciudades.





"Los niños necesitan espacios, dentro de un clima de control social, donde ellos puedan hacer lo que quieran: pisar el césped, subirse a los árboles y jugar con las lagartijas", sostiene el pedagogo Francesco Tonucci. En su opinión los pequeños no quieren estar recluidos en su habitación para jugar, ni en ludotecas, ni en todos esos espacios que construimos para que estén controlados. "Están perdiendo esa posibilidad de vivir experiencias solos y, por tanto, la posibilidad de jugar", comenta el experto italiano encargado de inaugurar ayer el Congreso Nacional de Políticas Locales de infancia y adolescencia en Gasteiz. Tonucci es el autor de la propuesta La ciudad de los niños, sobre la que giró su ponencia Con los ojos de los niños, en la que se recogen unas pautas de cambio que tienen a los más pequeños y a sus ideas como eje central. El experto reúne sus principales preocupaciones en torno a la niñez, que tiene que ver con la soledad y la falta de autonomía de movimiento de los menores, problemas que desde hace más de diez años propone solucionar multiplicando por el mundo su particular proyecto. En su conferencia ayer en la capital alavesa aprovechó para hacer hincapié en la importancia de que los menores desarrollen sus capacidades, sobre todo en los primeros años de la infancia, en los que el juego es "el responsable de su desarrollo".
Ante esta reflexión, el experto en infancia lamentó que "si no vemos niños -de hasta once años- solos jugando en la calle debemos pensar que las ciudades no son adecuadas", al tiempo que afirmó que "una ciudad que no permite jugar a los niños y niñas solos en sus calles asume una responsabilidad enorme cara al futuro".


Plazas con pelotas y sin coches. Los pequeños de la casa deben poder jugar como quieran ellos. Tonucci destaca que las ciudades tienen que transformarse en lugares donde los niños puedan ser niños. Una de las cuestiones que más preocupa al experto italiano es la franja de edad de tres a seis años, "porque les estamos robando la autonomía, herramienta básica de futuro", puntualizó el pedagogo.
Para Francesco Tonucci, los niños no necesitan mucho para jugar. Necesitan salir de casa sin alguien que les lleve de la mano constantemente. "Si ellos no pueden salir de casa, no pueden jugar, porque jugar es salir, encontrar amigos, elegir un juego y un espacio adecuado para poder desarrollarse".
Para ellos, dice supone vivir una aventura. "Nuevas experiencias, buscar la sorpresa, sentir emociones y riesgos que no son posibles si hay un adulto vigilando cada movimiento", añadió. Para darle solución -precisó- no se trata de que los ayuntamientos inviertan más dinero en grandes zonas infantiles. "A los niños les sirven cosas que no cuestan", razonó.
Para Tonucci, actualmente los menores tienen dificultades para vivir la infancia porque, por un lado, acceden a conocimientos adultos de una forma precoz, y por otro lado, se quedan inmaduros porque no desarrollan capacidades autónomas de moverse, por lo cual "llegan a la adolescencia con una cabeza enorme y con brazos y piernas pequeñitas", aseguró el experto.
"SIN NIÑOS, NOS PORTAMOS PEOR" A juicio de Francesco Tonucci, la ausencia de niños jugando en las calles supone también "un coste muy alto" para las ciudades. "Si no hay niños, nosotros somos peores: conducimos peor, y nos portamos peor porque no tenemos testigos", subrayó. Además, para el experto en infancia, tener niños en las calles de ciudades y pueblos es un elemento importante, "imprescindible".
De hecho, el pedagogo italiano aboga por un cambio "urgente" porque, en su opinión, los niños pueden ayudar a los adultos. Para buscar soluciones es fundamental escuchar a los menores. Para el pedagogo, hoy en día educar a los hijos significa pedirles que dejen de comportarse como niños y lo hagan como adultos. En su opinión, esto se soluciona escuchando las tonterías, porque cuando un niño dice una tontería es algo que "no ha oído de sus padres ni de sus profesores".
El experto está llevando propuestas de niños y niñas a alcaldes de distintas ciudades, a los que ha pedido que "tengan en cuenta lo que los niños propongan, porque ellos pueden ayudarnos a ver lo que los políticos no ven". Entre las iniciativas, los pequeños piden ciudades con menos coches, más seguras. Y zonas, bien aisladas, en las que puedan jugar a la pelota sin el riesgo de que ésta vaya a parar a una carretera.
Las ciudades hay que diseñarlas desde los ojos de un niño, dice el pedagogo. "Ellos reivindican poder jugar". Tienen derecho, no cabe duda. Tonucci va más allá en sus reflexiones y pone como ejemplo: "Un niño de Roma le dijo al alcalde: Estaba en la plaza jugando con la pelota y un guardia me quitó la pelota. ¿Es esto correcto? No. Porque los niños deben de jugar a la pelota, subirse a los árboles y coger lagartijas. ¿Qué hay de malo?", concluyó el pedagogo.

Aprovecho asimismo para recordar una bonita canción de Serrat: Barquito De Papel



Barquito de papel,



sin nombre, sin patrón

y sin bandera

navegando sin timón
donde la corriente quiera.

Aventurero audaz,
jinete de papel
cuadriculado
que mi mano sin pasado
sentó en lomos de un canal...

Cuando el canal era un Río,
cuando el estanque era el mar
y navegar
era jugar con el viento
era una sonrisa a tiempo
fugándose feliz
de país en país
entre la escuela y mi casa,
después el tiempo pasa
y te olvidas de aquel
barquito de papel.

Barquito de papel,
en qué extraño arenal
han varado
tu sonrisa y mi pasado
vestidos de colegial.

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